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EL ENTORNO

La arquitectura es el componente artificialmente humanizado del entorno. Ese entorno puede ser natural o a su vez estar constituido por otras arquitecturas, generando así un espacio exterior al que denominamos ciudad. En la ciudad, el espacio habitable es el vacío entre edificios.

En relación al proceso proyectivo se llega a la conclusión de que “con el movimiento moderno, la naturaleza y el entorno que rodea a los edificios se convierten en un factor formal añadido que el arquitecto puede manipular y transformar” [19]. Anteriormente, nuestro concepto occidental de lugar era una herencia del romano. En él, la ciudad es el resultado de levantar volúmenes geométricos proyectados para ser mirados desde su alzado frontal o para ser vividos interiormente, pero nunca dándose esa simultaneidad. Durante las épocas sucesivas, románico, gótico, renacimiento, barroco, etc, conservaron el muro separador como elemento esencial del patrón formal y espacial. Será a partir de principios de siglo XX cuando, debido al interés de su predecesor Frank Lloyd Wright por el concepto oriental de entorno , el genius loci comenzará a formar una parte importante del proceso proyectivo.

El prestigioso teórico de la arquitectura  Keneth Frampton asegura que ”el movimiento moderno parece basarse fundamentalmente en tres conceptos diferentes en cuanto a la visión de la naturaleza se refiere. El primero es el concepto japonés, una noción mística e introspectiva de la naturaleza, un jardín introspectivo resguardado de las turbulencias de la vida cotidiana iniciada por Frank Lloyd Wright como forma moderna abstracta y posteriormente secundada por los arquitectos de la escuela del sur de California, como es el caso de su discípulo Richard Neutra y Rudolf Schindler. El segundo concepto es griego de origen y concibe la naturaleza como un asiento temenos  del edificio dominante frente a la inmensidad del paisaje. Esta influencia griega se manifiesta en diferentes niveles en la obra de Le Corbusier y en la de Mies Van Der Rohe. El tercero es el concepto islámico, la tradición del jardín paradisíaco, que también aparece en los trabajos de Wright, de Neutra y en el arquitecto mejicano Luis Barragán”[20]. Estas observaciones de Frampton nos hacen reflexionar acerca de la posición adquirida por Toyo Ito frente al concepto de entorno y cómo éste condiciona su arquitectura. Nuestro arquitecto se formó académicamente en las bases del movimiento moderno pero, al ser japonés, la relación de su arquitectura con el entorno resulta de tradición nipona. En sus escritos, explica reiteradamente el compromiso que siente por la integración del edificio proyectado en su entorno inmediato. Para él, la continuidad espacial es un objetivo imprescindible a afrontar, procurando borrar los límites existentes entre exterior e interior, volcando también hacia el exterior, la isotropía y fluidez interior. En palabras del propio Toyo Ito  “desde el nacimiento del acero y del cristal hemos estado buscando continuamente el espacio homogéneo, el llamado espacio universal. Como las propias coordenadas de la geometría euclidiana, el espacio universal es en teoría homogéneo, aunque no siempre resulta así”[21]

Al analizar su obra, esta base teórica la sentimos latente en su sensibilidad a la hora de tratar la piel arquitectónica. En ella, el hueco adquiere un gran protagonismo frente al macizo. El concepto de ventana entendido como momento físico de interconexión visual y lumínica se extrapola a la totalidad de la envolvente para generar un espacio continuo. En proyectos como la fachada de los Apartamentos de Suites Avenue en Barcelona (la cual hace un guiño a la Pedrera situada enfrente) y el centro comercial de Tod´s en Omotesando (Japón), el cual simula abstractamente la estructura de los árboles del bulevar contiguo, encontramos los casos más directos de esta vocación de integración por parte del autor. En este aspecto, los tres edificios escogidos en el proyecto ARQUICOSTURAS[Toyo Ito], se manifiesta la continuidad espacial exterior-interior mediante vacíos en la envolvente que no sólo lo comunica visualmente, sino espacial y emocionalmente. En los tres, el contacto con el entorno es de contraste, situándose como objetos extraños al paisaje sin un intento de integración con él.

Al existir en la indumentaria un fuerte paralelismo con el interior-exterior arquitectónico, será este un factor a reinterpretar con especial énfasis en el proyecto aquí presentado. El interior, siempre asociado con lo más íntimo, lo personal, las caricias de la piel,… se concebirá en la colección como ausente. La relación interior-exterior se tratará con la capacidad de reversibilidad de las prendas de forma que se diluyan los límites entre ambos estados. Ello se reforzará con el tratamiento del color, mostrando un lado más neutro en gama de grises en contraste con un lado de tonos pretendidamente cálidos.

[19] Escoda, C. La arquitectura como paisaje. Arquitectura revista, 01Gener 2010,vol6, núm1 Pg 12
[20] Escoda, Carmen. La arquitectura como paisaje. Arquiteturarevista, 01Gener 2010,vol6, núm1 Pg 13
[21] Ito, Toyo. Escritos. Artículo: La arquitectura como metamorfosis. COA Murcia.1991.

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