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EL ARQUITECTO

La figura del arquitecto ha ido evolucionando a lo largo de la historia. Como veremos a continuación, ni sus responsabilidades ni sus sistemas proyectivos fueron siempre los mismos. Mientras que en la Antigüedad Clasica, hasta la época del Imperio romano, a la figura del arquitecto no se le exigía más allá de levantar edificios canónicos, los cuales apenas requerían de planos ni maquetas, a partir del Imperio Romano se comenzarían a sentar las bases de un arquitecto proyectista. Ni siquiera en los siglos XII y XIII, Edad Media,  existía la figura del arquitecto como tal, ya que era una síntesis entre el promotor, el constructor, el arquitecto, el director de obra y el escultor de hoy. El arquitecto era el franco mason, el responsable de la obra. Para adquirir esta responsabilidad se le tenía que reconocer un nivel adecuado de experiencia, ya que no sólo gestionaba los asuntos técnicos y estéticos, sino además los presupuestarios y los abastecimientos. Viajaban por toda Europa al ser reclamados por las diferentes autoridades, principalmente para levantar catedrales.

Iconográficamente, el arquitecto se identifica por ser aquel que lleva la maqueta del edificio en sus manos (no siendo así en la Antigüedad, ya que era el poder político o religioso el que la presentaba al pueblo como mérito propio). Será a partir del siglo XVI cuando se diversificarán las funciones del arquitecto en varias especialidades, surgiendo, en el Renacimiento, una figura de arquitecto más teórica, desligada por completo de las funciones de promoción. Un arquitecto más humanista, más autor, fuera del sistema gremial del medievo con el dibujo como base de sus herramientas proyectuales. En el siglo XVIII , se sentarán definitivamente las bases de esta profesión tal y como la entendemos hoy. Debido a su carácter marcadamente proyectista, serán entonces los instrumentos de medida y dibujo los atributos principales del arquitecto. De todos ellos es el compás el que se ha mantenido como símbolo durante el siglo XX y XXI (aunque la tecnología haya dejado su uso obsoleto, sigue siendo el símbolo del arquitecto).

En la actualidad, el arquitecto es, principalmente, un proyectista de arquitectura, de espacios y envolventes. Se entiende  “ por un buen proyectista aquel que considera el proyecto no sólo desde el punto de vista de la idea, en términos abstractos, sino también de todas esas otros componentes: el programa, la materialidad, la técnica.”[6] Además, como nos indica Javier Seguí, el proyecto arquitectónico es una investigación científica, ya que tiene las cuatro partes de las que toda investigación ha de constar: sujeto, objeto, medio y fin. El sujeto es el arquitecto, el proyectista; el objeto es la materia a estudiar, la proyección de envolventes arquitectónicas; el medio es la metodología a utilizar y el fin es el objetivo a alcanzar. Al tratarlo como ciencia, son muchos los teóricos y estudiosos que han intentado dar explicación a las fases por las que el proceso proyectivo atraviesa. Dentro del proceso proyectivo, cobra una gran relevancia el proceso de ideación, cuya estructura general se define con estas palabras: “El proceso de Ideación, entendido como la articulación del proceso creativo para la generación de una idea, se organiza a través de varios pasos consecutivos. Existen numerosas investigaciones sobre este tema, que llevan a cabo articulaciones precisas del proceso creativo, desde la de Wallas en 1926 en su libro “El Arte del Pensamiento”, pasando por las de Osborn (autor del Brainstormig) en 1953 u otras como las de Young en 1972. Todas, con matices o subetapas se apoyan en la primera de las citadas, recogida en investigaciones posteriores (De la Torre, 1984).

Las etapas planteadas por Graham Wallas son las siguientes:
– Percepción. Planteamiento de una necesidad o un problema que necesita una solución.
– Incubación. Parte del proceso que podemos relacionar con la inspiración. Se piensa sobre el problema, sobre el objetivo y se analizan los posibles enfoques o soluciones.
– Iluminación. Sería el momento en el que la idea aparece, aunque sea de forma básica. Algunos denominan a este momento la fase “Eureka”.
– Evaluación y verificación. Comprobación de que el resultado obtenido es el más adecuado al problema planteado. Esta última fase nos sumerge en un proceso cíclico de retorno a la idea original, mejora y nueva evaluación, hasta llegar a una depuración de la idea original.” [7]

El proceso de ideación, de fuerte carácter psicológico, es un proceso cíclico que avanza y retrocede hasta poder llegar a conclusiones definitivas. En algunos aspectos, esas fases estarán reflejadas también en el proceso proyectivo, al tratarse de un proceso de ideación arquitectónica. En el caso concreto de este trabajo el proceso proyectivo se ha estructurado diferenciando las diferentes fases: El programa, la inspiración, la representación y el entorno. En un intento de equiparar la estructura de nuestro trabajo a la estructura de ideación de Wallas, se correspondería aproximadamente de la siguiente manera: Percepción=El Programa/ Incubación=La Inspiración/ Iluminación=La representación/Evaluación y verificación=La representación+El entorno.

[6] Álvarez, Fernando; Garnica, Julio; Esparza, Verónica. Entrevista a Fernando Álvarez: maqueta y aprendizaje. DC. Revista de crítica arquitectónica, Diciembre 2006, núm. 15-16, Pg 66
[7]VVAA. La acuarela en los procesos de ideación arquitectónica. En: XI Congreso Internacional de Expresión Gráfica Aplicada a la Edificación (12º: 2012: Valencia). Investigación gráfica, expresión arquitectónica. Valencia: Universidad Politécnica de Valencia, 2012.Pg 421

Arquitecto medieval“El Creador como arquitecto del Universo”, Tesoro de la Catedral de Toledo, Españadc16dc16

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