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En el Thyssen con GIVENCHY

De nombre Hubert, James y Marcel, de una época en la que se ponían nombres uno detrás de otro (incluso tres resultan pocos). Tras su título nobiliario, escondería este conde, desde niño, una debilidad de carácter textil. Y es que su tatarabuelo diseñaría vestuario para la Ópera de París, su bisabuelo realizaría escenografías y su abuelo sería director de la fábrica de tapices de Beauvais. Por tanto, las fibras, el cromatismo, la composición, la sutileza, así como las tijeras, el hilo, la aguja y los maniquíes se licuarían para poder darle vida en el año 1927.

A sus espaldas, una trayectoria ligada a los mejores modistos de la historia. Y es que, además de trabajar para Lucien Lelong, Piguet, Jacques Fath o Elsa Schiaparelli, sería quien tomara, de la mano de BALENCIAGA, su relevo generacional. Un relevo adquirido desde la sabiduría de quien sabe mirar, dibujar, cortar, moldear y coser.

Entre sus musas nos encontramos con la resplandeciente Grace Kelly o la elegancia de Jacqueline Kennedy, pero , sin duda, es la dulce AUDREY HEPBURN la que se convertiría, durante décadas, en la mejor percha para sus vestidos. Una percha que, a pesar de su falta de formas corporales, enamoraría desde la mirada y la sonrisa, encajadas en un rostro de estructura melodramática que entonaba risueñamente con cualquier vestido.

A Givenchy no le tenemos hoy en Madrid, pero sí en el MUSEO THYSSEN a través de una muestra de lo mejor de su obra. Una exposición en la que, a medida que avanzan mis pasos, lamento cada vez más la ausencia de datos. Al visitarla no dejo de pensar en cómo haría esto o aquello, qué estrategias utilizaría, cuánto tiempo le llevaría, para qué cuerpo estaría diseñado, qué medicina tomaría en los años 1980 (si la vais lo entenderéis) …y es que de su trabajo sólo pude concluir con que su uniforme era una bata blanca y su equipo de trabajo muy amplio. Lo único que proporcionaría mi consuelo al respecto sería el poder disfrutar escuetamente de su ágiles figurines. Me pierdo, por ello, más en los detalles que en los modelos, en lo parcial que en la totalidad, en el reflejo frente a lo inmediato. Fijo en fotografías encuadres que buscan la sutileza, proyecciones del maniquí sobre la pared, la construcción de sus texturas o la belleza de una unión de planos. Me parece más valiosa así la realidad de su obra, desde la MIRADA SESGADA, evitando así la obviedad de las formas. Unas formas que, realmente, pocos, como Balenciaga, sabían hacer.

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*Hasta el 18 de enero de 2015. Recomiendo utilizar audioguía para su visita, apenas se recoge información en los paneles de la exposición.

1 Comment

  1. sonsoles
    - Responder

    Totalmente de acuerdo con tus comentarios….

    Felices fiestas !!!

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